Saltar a contenido principal

Educación Ambiental Integral: cuando el ambiente deja de ser contenido y se vuelve experiencia cotidiana

La Escuela Carmen Vera Arenas participó del programa "La Escuela como Brújula Ambiental", del Instituto de Ciencias Ambientales (ICA) de la UNCuyo. Estudiantes de séptimo grado analizaron el impacto de la trucha arcoíris y la ranita del Pehuenche en el ecosistema mendocino.

imagen Educación Ambiental Integral: cuando el ambiente deja de ser contenido y se vuelve experiencia cotidiana

Docentes de la Escuela durante un taller del programa "La Escuela como Brújula Ambiental" del ICA.

En el corazón de la ciudad de Mendoza, la Escuela Carmen Vera Arenas de la UNCuyo, demostró que la educación ambiental no se limita a contenidos aislados. La Escuela convirtió el ambiente en una forma de mirar, sentir y habitar el mundo. Su participación en el programa "La Escuela como Brújula Ambiental", del Instituto de Ciencias Ambientales (ICA) de la Universidad, figuró entre las experiencias destacadas por su enfoque integral y su capacidad de transformar el entorno en un aula abierta.

La propuesta de la Escuela se sostuvo sobre tres pilares fundamentales. La dimensión pedagógica articuló los contenidos curriculares con la práctica situada y llevó el aprendizaje más allá de las paredes del aula. La dimensión ética puso en el centro el cuidado, el vínculo y la sensibilidad hacia todas las formas de vida. La dimensión comunitaria integró a la escuela con el territorio y las familias, y entendió que el ambiente es un espacio de todos.

 

Ranita del Pehuenche y trucha arcoíris: un conflicto real en el aula

En este marco de aprendizaje vivencial, los estudiantes de séptimo grado se sumergieron en un conflicto ambiental real y complejo: la convivencia entre la ranita del Pehuenche, especie nativa, y la trucha arcoíris, especie introducida, en Malargüe, Mendoza. A través de este caso, exploraron cómo las acciones humanas transforman el equilibrio natural. Investigaron el territorio, compararon comportamientos, reflexionaron sobre el impacto de las especies exóticas y propusieron soluciones creativas. Trabajar con situaciones en tensión se convirtió en una oportunidad única para comprender la complejidad del ambiente y aprender a cuidarlo.

Esta experiencia, guiada por la docente Suyai Palmieri, constituyó un claro ejemplo de cómo la Escuela Carmen Vera Arenas enseña a preguntarse, a observar y a entender el territorio. Además, el programa "Brújula Ambiental" visibilizó prácticas como esta, difundió ideas pedagógicas replicables y contagió el compromiso a más comunidades. Así consolidó a la escuela como un espacio dinámico que orienta, guía y transforma.

 

El territorio como aula abierta

El Programa recuperó actividades que se desarrollaron en diversos contextos: aulas, patios, parques, espacios verdes, Áreas Naturales Protegidas, fincas, entornos rurales y el propio barrio. El propósito resultó claro: que el ambiente dejara de ser un contenido para volverse una experiencia cotidiana. Desde recorridos por el barrio hasta viajes al secano mendocino o al piedemonte, cada salida acercó a los estudiantes a la complejidad y belleza de su territorio.

Este enfoque se materializó en proyectos, salidas educativas, encuentros con comunidades, reciclaje, huertas, campamentos, celebraciones de efemérides ambientales y talleres de capacitación para docentes. Cada experiencia permitió que los estudiantes exploraran su entorno, se hicieran preguntas y construyeran respuestas con sentido. Su identidad se resume en un lema que lo dice todo: "Cultivamos afectividad ambiental".